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La parte del tema a resumir trata de la higiene postural y la importancia del sueño.
Para cuidar la postura de la espalda, se recomienda tenerla en su posición natural (recta) durante cualquier movimiento, flexionando si se requiere otras extremidades como las piernas a la hora de agacharse. Se plantean diversas posturas correctas entre las que destacan:

- Posición de sentado: espalda pegada a la silla y pies en apoyo.  Esta es una de las posturas a enseñar a los alumnos de Infantil para que sean capaces de adquirirla desde edades tempranas y prevenir problemas posturales posteriores.

- Posición de acostado: espalda recta en posición lateral y boca arriba. No se recomienda la posición de boca abajo. Podría ser información adicional para los padres.

- Colocación de la mochila escolar. Se debe colocar por encima de la cintura y debe estar colgada en los dos hombros. Esta es otra de las recomendaciones a realizar en niños de Primaria e introducirlo en Infantil.

Se deben prevenir hábitos incorrectos que perjudiquen el estado postural (tener carga excesiva en la mochila, mantener posturas incorrectas, ser sedentario y tener falta de actividad…)
A su vez, se necesita que las condiciones del mobiliario y su ubicación tanto en el centro escolar como en casa sean las adecuadas. Se debe evitar una mala ubicación de las sillas y las mesas respecto al profesor o la pizarra, pues son puntos de atención para los niños y tendrán que desviar su postura para poder verlos.

Para el buen desarrollo físico, social, cognitivo y emocional se requiere cumplir con  la necesidad fisiológica del sueño, en el que se restauran en los organismos el desgaste ocurrido durante la vigilia.

La falta de sueño, puede producir problemas de rendimiento y en el estado de humor. El cansancio puede producir caídas y a su vez, repercutirá en el desarrollo del crecimiento y el peso, produciéndose un retraso.

Para conseguir que los niños descansen y se habitúen a la hora de dormir, es necesario reestructurar su horario, teniendo clara la hora de dormir y de despertarse. A su vez, se recomienda que se cree un periodo de tranquilidad unos 30 minutos antes de ir a dormir e ir avisándolo durante sus actividades de que la hora de dormir se acerca. Esto permitirá que se reorganice y vaya asumiendo la actividad del sueño. Además se evitarán actividades físicas vigorosas antes de dormir o aquellas que resulten estimulantes (un baño…)

Además la habitación del niño debe estar oscura y con una temperatura agradable, y el ruido ambiental debe ser mermado tanto como sea posible, intentando que la habitación quede tranquila. También, se debe restringir la presencia de aparatos electrónicos en la habitación en el momento de ir a dormir, pues es una fuente de distracción.

Hay que tener en cuenta, que no deben acostarse recién cenados, pero tampoco con hambre y que se recomienda evitar el consumo abundante de líquido pues les producirá ganas de ir al baño.

Además, se debe controlar y evitar el consumo de cafeína, bebidas estimulantes o chocolate en la cena, así como medicamentos con alcohol y cafeína que pueden alterar el sueño de los niños. Realizar un control de las siestas y que estas sean adecuadas a la edad del niño los ayudará a dormir cuando sea necesario.

El papel de los padres es muy importante a la hora de acostar al niño, pues se les debe transmitir sensación de seguridad a través de gestos cariñosos (taparlos, darles un beso, darles las buenas noches…). Serán sensaciones que ayudarán al niño a descansar sintiéndose querido.

Las horas de sueño y la cantidad de siestas en un día, van disminuyendo conforme los niños van creciendo.  Los bebés de 1 mes, duermen prácticamente todo el día (de 15 a 18 horas), y su despertar va unido a la necesidad biológica de alimentarse. Posteriormente a los 6 meses, duermen 14 horas, realizando dos siestas al día y por la noche descansan entre 10 y 12 horas.  A partir de los 18 meses a los 3 años de edad, sólo realizan una siesta después de comer y por la noche duermen entre 10 y 12 horas.

La clave de todo ello, es establecer unos patrones de sueño saludables desde las primeras etapas de los niños. Si surgen trastornos del sueño, se pueden recurrir a ayudas tranquilizadoras como la estrategia del “estuche para la noche”. Este estuche podrá ser rellenado con una linterna, un libro favorito o cualquier otro objeto que el niño aprecie y lo tranquilice.  También se puede recurrir, a dejar una luz lejana encendida, que en ocasiones quitará el miedo a la oscuridad al niño. Además, permitirle que escoja su pijama preferido o su muñeco favoreciendo su comodidad.
A su vez, se puede recurrir a la utilización de una manta cálida y suave, que favorezca la seguridad y tranquilidad del niño.

Ayudar a los pequeños a dormir con la presencia del adulto, perjudicará al niño pues se acostumbrará y quedará inquieto ante la falta de la figura materna/paterna.  Por ello es fundamental, que duerman solos. 

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